• Soneto, imitando una oda de Safo

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¡Feliz quien junto a ti por ti suspira!
¡Quien oye el eco de tu voz sonora!
¡Quien el halago de tu risa adora
y el blando aroma de tu aliento aspira!

Ventura tanta —que envidioso admira
el querubín que en el empíreo mora—
el alma turba, al corazón devora,
y el torpe acento, al expresarla, espira.

Ante mis ojos desparece el mundo,
y por mis venas circular ligero
el fuego siento del amor profundo.

Trémula, en vano resistirte quiero…
de ardiente llanto mi mejilla inundo,
¡Deliro, gozo, te bendigo y muero!

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